Cardenal, y canonista. N. el 5 mayo 1852 en Capo Vallazza (Macerata, Italia), último de los nueve hijos de Bernardino G. y de Giovanna Sili, pastores y propietarios de ovejas. La delicadeza del pequeño Pietro indujo a sus padres a encaminarle a los estudios, en los que se inició bajo la guía del arcipreste de Sacrofano para entrar después en el pequeño seminario de la ciudad de Nepi, donde permaneció hasta 1870 cuando, madurada en él la vocación al sacerdocio, pasó al Seminario Romano para realizar los estudios eclesiásticos en la Univ. de Sant'Apollinare. Allí consiguió la licenciatura en Filosofía, en Teología y en Derecho canónico. El 31 mar. 1877 fue ordenado sacerdote y celebró su primera Misa. Muy pronto le fueron ofrecidas las cátedras de Sacramentaria en S. Apollinare y de Derecho canónico en el Ateneo de Propaganda Fide. Pero en el 1879, el arzobispo de París mons. Richard lo llamó para la cátedra de Derecho canónico del Institut Catholique. Allí pemaneció 19 años, siendo huésped de los sulpicianos, ejercitando una obra intensa de ministerio y de asistencia entre los emigrados italianos y colaborando con la Curia arzobispal en los asuntos más importantes.
Su actividad y méritos no eran, ignorados por sus superiores y el 2 en. 1898 León XIII le nombró arzobispo titular de Cesarea y delegado apostólico en Colombia, Bolivia y Ecuador. El pleno éxito de la no fácil misión hizo que fuera reclamado por el Vaticano después de cuatro años y nombrado Secretario de la S. Congr. de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, la primera sección de la Secretaria de Estado. El momento era difícil, en particular por las actitudes que el gobierno francés venía asumiendo en las relaciones con la Iglesia y con la Santa Sede: la separación estaba a las puertas y se llegó después a ásperas polémicas y conatos de violencia, que en vano se trató de legalizar. Para restablecer serenamente la verdad de los hechos, mons. Gasparri, valiéndose de la colaboración del joven mons. Eugenio Pacelli, preparó un libro blanco considerado como uno de los actos más importantes de la diplomacia pontificia («Exposición Documentada en torno a la separación entre Iglesia y Estado en Francia»). Se dijo que sus ideas no concordaban en todo con las del card. Merry del Val (v.), Secretario de Estado. En el Consistorio del 16 dic. fue elevado a la púrpura cardenalicia. En su nueva dignidad permaneció siendo el sacerdote sencillo y piadoso, incluso en su ruda combatividad, que siempre había sido. Pero, una vez libre de los pesados deberes de oficina de la Secretaría de Estado, pudo dedicarse más intensamente a la codificación del Derecho Canónico que él mismo había inspirado a S. Pío X (v.) en 1904.
Benedicto XV (v.), después del brevísimo secretariado de Estado del card. Domenico Ferrata, escogió a Gasparri como su directo colaborador. Éste fue el realizador de todas las iniciativas tomadas por el Papa en los años amarguísimos del primer conflicto mundial y en los inmediatamente sucesivos. Los dos caracteres, las dos mentalidades (ambos eran juristas) armonizaban perfectamente. La convicción profunda de esta cooperación inteligente puede ser atestiguada por la actividad publicista, naturalmente anónima, a la que el card. Secretario de Estado se dedicó para sostener las iniciativas pontificias, resistiendo a las interpretaciones tendenciosas y capciosas de periódicos y de hombres políticos, especialmente durante la «ofensiva de paz» que culminó con la nota a los gobiernos beligerantes, publicada el 14 ag. 1914 con la fecha del día primero de aquel mes. Escribió docenas de artículos para «L'Osservatore Romano».
Desaparecido el papa Benedicto, su sucesor lo mantuvo en el cargo. El nombre de Gasparri, por ello, está estrechamente asociado al de Pío XI en la actuación de la política concordatoria que llevó el papa Ratti a concluir diez convenios bilaterales que tuvieron vigencia en otros tantos países, reanudar las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el gobierno de París, y, sobre todo, la Conciliación con Italia que puso fin a la cuestión romana (V. ESTADOS PONTIFICIOS II; LETRÁN TRATADO DE). Tenía entonces G. 77 años. Cansado del gran trabajo realizado, pero con la mente aún lucidísima, fue exonerado del cargo de Secretario de Estado y sustituido en este altísimo quehacer por su antiguo colaborador Eugenio Pacelli (v. Pío XII).
Como jurista tuvo una sólida formación en la escuela utriusque juris de S. Apollinare en el periodo de su mayor esplendor. Quien lo conoció y estuvo cerca de él, dice que el estudio perfeccionó en él un sentido jurídico natural sobremanera agudo. No fue un erudito del Derecho ni elaboró nuevos sistemas doctrinales; pero tuvo las dotes propias del legislador, dotes que prodigó en su larga obra de codificación del Derecho Canónico, iniciada en 1904 y concluida con la promulgación por Benedicto XV el 27 mayo 1917 del CIC. En las alocuciones consistoriales del 4 dic. 1916 y del 28 jun. 1917 el Papa dio fe públicamente de los altos méritos de G.
Como profesor se esmeraba mucho en la preparación de las lecciones, las cuales acostumbraba a escribir: pero, en el aula las ampliaba con la preocupación siempre muy viva de ser claro. Todo lo que es oscuro (decía a sus alumnos) no es Derecho; será Filosofía, arte, poesía, pero no Derecho.
De sus cursos proceden las obras: De Sacra Ordinatione, De Sanctissima Eucharistia, De Matrimonio, considerada fundamental, obra que puso al día dos años antes de morir. A él se debe también un Catechismus Catholicus que fue una primera tentativa audaz de catecismo universal.
M. el 18 nov. 1934. Tres días antes había tenido una intervención en el Congreso Jurídico Internacional convocado en Roma para conmemorar el VII centenario de los «Decretales» de Gregorio IX y el XIV del Codex Repetitae praelectionis, de Justiniano. |